Evite el distanciamiento de su cónyuge

Distanciarnos de nuestro cónyuge puede ser la antesala del divorcio

1. Lectura Bíblica: Génesis 1:28

2. Meditación familiar:

¿Le ha ocurrido alguna vez que su relación conyugal terminó por convertirse en una costumbre y, junto con su cónyuge, duermen a corta distancia pero —en la práctica —, parecen dos extraños bajo el mismo techo?

Llegar a ese estado no es producto de unas cuantas querellas sin resolver, sino el conjunto de discusiones que jamás procuramos aclarar— en el momento oportuno— , con el ánimo de llegar acuerdos, y de ser necesario, corregir fallas cuando nuestra pareja nos ayuda a identificarlas.

En ese camino, hiriéndonos mutuamente tras discusiones acaloradas, terminamos convirtiéndonos no en una pareja sólida sino en dos enemigos que comparten el mismo espacio.

Olvidamos el plan original de Dios cuando creó al hombre y la mujer, y los unió: “Después, el Señor Dios dijo: «No es bueno que el hombre esté solo. Haré una ayuda ideal para él».” (Génesis 1:28. NTV)

Dios no nos concibió para ser enemigos, sino amigos, compañeros, amantes y co-equiperos. Lea cuantas veces sea necesario el texto del que nos habla el Génesis. La esposa constituye una bendición, no una cruz ni una pesada carga. Y con el ánimo de que fuese complemento para los esposos, la creó el Señor.

No podemos permitir que el distanciamiento entre los dos gane espacio. De lo contrario, sumaremos a la separación emocional, el divorcio físico.

El afamado consejero familiar, Gary Rosberg, escribe:

“La principal solución de Dios para la soledad del hombre es la unidad y el compañerismo que le proporciona su cónyuge. Cuando el esposo y la esposa se distancian, están luchando contra el plan de Dios para el matrimonio y pierden de vista la bendición que se deriva de la unidad que Dios diseñó para la pareja.” (Gary Rosberg. “Matrimonio a prueba de divorcio”. Editorial Unilit. 2004. EE.UU. Pg. 41)

¿Cuándo debemos prender las señales de alerta? Cuando cada uno se ocupa de sus propios asuntos. Es el primer paso que nos lleva a pensar que hay un distanciamiento matrimonial en curso.

La desilusión y el desaliento alimentan el distanciamiento. No es un juego de palabras sino una realidad. Poco a poco vamos renunciando a las expectativas que se tenían en el período del noviazgo. Y se termina conviviendo bajo el mismo techo por costumbre.

Recuerde, si lo permitimos, la relación irá camino al abismo. ¿La razón? En medio de los conflictos sin resolver los componentes del matrimonio acarician, contemplan y finalmente materializan la idea del divorcio, y ese –insisto— no es el plan del Señor.

El camino es hacer un alto en el camino, evaluar cómo anda nuestro matrimonio, tener la grandeza y a la vez humildad para reconocer errores, y finalmente, admitir que sin Dios no hallaremos salidas. Dése una oportunidad y déle una oportunidad al Padre celestial de intervenir en la situación para ayudarle a encontrar salidas al laberinto. ¡Hoy es el día para comprometerse a salvar el matrimonio!

El primer paso es recibir a Jesucristo como Señor y Salvador. Puedo asegurarle que, con su ayuda, obrando en su vida, experimentará transformación personal y espiritual. No dilate la decisión. Ábrale hoy las puertas de su corazón a Cristo… No se arrepentirá.

3. Oración familiar:

“Amado Señor Jesús, cada día aprendemos más acerca de ti, del Reino, de aquello que esperas de nosotros para experimentar una nueva vida, de realización plena. Reconozco que a nivel familiar no tengo una buena relación. Pido tu perdón porque, tal vez, me he dejado arrastrar por el resentimiento y he ido contribuyendo al resquebrajamiento de mi relación de pareja. Hoy dispongo mi corazón para ser tratado por ti, y para recomponer con tu ayuda, mi relación matrimonial. Amén”

4. Una Meta familiar:

Procuraré desarrollar una mejor relación, diariamente, con mi cónyuge. Evitaré distanciarme de mi pareja. Si hay problemas, pediré ayuda a Dios para que nos entendamos y lleguemos a acuerdos.

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: http://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=689


Publicado en: Altar Familiar

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