Es tiempo de revisar cómo anda nuestra familia

Tome tiempo para evaluar cómo anda la relación familiar

1.  Lectura Bíblica: Génesis 1: 26-31; 1 Timoteo 5:7, 8

2. Objetivos:

2.1. Que al término de la reunión de Grupos Familiares los concurrentes comprendan la importancia de hacer periódicas evaluaciones respecto a cómo anda nuestra familia.

2.2. Que al término de la reunión de Grupos Familiares los concurrentes  comprendan necesidad de evaluar si en nuestra condición de padres, de esposos o de hijos, tenemos algo que ver en las fallas que presenta nuestra familia actualmente.

2.3. Que al término de la reunión de Grupos Familiares los concurrentes  evalúen con sinceridad qué representa la familia en sus vidas.

3. Desarrollo del tema:

Con frecuencia sacamos tiempo para revisa el presupuesto, revisar en qué estamos gastando demás, qué correctivos hay que aplicarle al presupuesto o, quizá, el color con el que vamos a pintar la casa. Eso está bien.

Pero, ¿con cuánta frecuencia evaluamos cómo anda nuestra familia? Es una enorme responsabilidad que no podemos eludir. Nos asiste el compromiso de hacerlo para evaluar dónde estamos fallando y de qué manera, con ayuda del Señor, podemos aplicar correctivos.

3.1. Algo está pasando en nuestra familia

Cuando Jair le dijo a su esposa que le ayuda a llevar a cancelar unas facturas en el centro comercial más cercano, ella levantó los hombros en actitud de que no le importaba, y ante la insistencia de él, le dijo: “Ese es tu problema”. Jair me escribió. “No se qué hacer. En casa nadie me hace caso, ni la mascota, porque cuando llego cansado del trabajo, me late en vez de menear la cola”, dijo.

Sin duda, su caso que no es excepcional, refleja una realidad: Los esposos estamos perdiendo el liderazgo porque hemos marginado a Dios de nuestras vidas.

El progresivo deterioro que presentan muchas relaciones de pareja, está asociado a dos elementos esenciales: de un lado el que se hayan desdibujado los roles de los componentes de la pareja— la mujer termina llevando la pesada carga de todo el hogar y el esposo no pasa tiempo con su familia —, y de otro, que la familia sea mirada como una carga y no como una bendición, tal como lo describe la Biblia en el Salmos 127.

Este drama que termina en muchos casos con el desvertebramiento en la relación matrimonial, afectando directamente a los hijos, lleva a una reflexión acerca de cuál fue el momento en el que perdimos la autoridad.

El autor Myles Munroe, lo explica en los siguientes términos:

“Dios desea que todo hombre encuentre su propósito y su completa realización. Si un hombre quiere saber quién es, a fin de poder vivir completamente en esa realidad primeramente, él debe entender los principios de Dios con relación al propósito. Él tiene que aprender estos fundamentos para la vida, basado en la Palabra de Dios. De otra manera, él va a caer en la confusión, donde quizá muchos nos encontramos en ese momento.” (Myles Munroe. “Entendiendo el propósito y el poder de los hombres”. Whitaker House. EE.UU. 2013. Pg. 35, 51)

La respuesta, como en todos los casos, la encontramos en la Biblia. El primer elemento que aprendemos es que la crisis a nivel personal y familiar, tiene origen en nuestro distanciamiento de Dios, por marginarlo a Él de todas las áreas de nuestra existencia y de nuestro desenvolvimiento.

Un gran paso, de gran significación, es reconocer que algo está pasando en nuestra familia, y que ese “algo” demanda de nosotros compromiso para determinar hasta qué punto las fallas son nuestra responsabilidad y cómo podemos contribuir— con ayuda de Dios— a traer soluciones.

3.2. ¿Qué grado de influencia ejercemos en la familia?

Con el paso del tiempo se deteriora la influencia que ejercemos en nuestro cónyuge y nuestros hijos. El libro de la familia que es la Biblia, nos enseña: “Entonces Dios dijo: «Hagamos a los seres humanos  a nuestra imagen, para que sean como nosotros. Ellos reinarán sobre los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, todos los animales salvajes de la tierra  y los animales pequeños que corren por el suelo». Así que Dios creó a los seres humanos  a su propia imagen. A imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó.” (Génesis 1:26, 27. NTV)

Es necesario recordar que, en nuestra condición de género humano, fuimos creados a imagen y semejanza de Dios. Esa condición permitía desarrollar intimidad con Dios y de paso, ejercer el gobierno que Dios delegara en Adán y que, por línea generacional, nos corresponde a nosotros.

Lo que vemos hoy es que se ha perdido gobierno incluso en los hogares. Y ese desgobierno lleva a la pérdida de respeto por parte del cónyuge y de los hijos.

Ahora, miremos otro aspecto: Marginar a Dios de nuestras vidas nos llevó a perder la capacidad de fructificar. Cuando vamos al escenario de la creación, encontramos que:

“Luego Dios los bendijo con las siguientes palabras: «Sean fructíferos y multiplíquense. Llenen la tierra y gobiernen sobre ella. Reinen sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que corren por el suelo». Entonces Dios dijo: «¡Miren! Les he dado todas las plantas con semilla que hay sobre la tierra y todos los árboles frutales para que les sirvan de alimento.  Y he dado toda planta verde como alimento para todos los animales salvajes, para las aves del cielo y para los animales pequeños que corren por el suelo, es decir, para todo lo que tiene vida»; y eso fue lo que sucedió. Entonces Dios miró todo lo que había hecho, ¡y vio que era muy bueno!” (Génesis 1:28-31. NTV)

Es importante insistir en que el plan original de Dios para el hombre era que fuera fructífero y se multiplicara. Que ejerciera dominio sobre la creación, y en esa dirección, creó el escenario perfecto para que el hombre desarrollara sus potencialidades.

Una forma de ejercer eficaz influencia y liderazgo en la familia es mediante una vida movida por principios y valores que rinde frutos.

3.3. Salir del estancamiento familiar

A nivel familiar se evidencia esa pérdida de capacidad de fructificación hasta tal punto que se llega a vivir un estado de estancamiento, en la relación con la pareja y en la relación con los hijos. Es aquí donde cabe recordar lo que enseña el autor y conferencista, Myles Munroe:

“El hombre es la clave para construir infraestructuras sociales fuertes y duraderas, familias estables, sociedades sanas y naciones seguras.” (Myles Munroe. “Entendiendo el propósito y el poder de los hombres”. Whitaker House. EE.UU. 2013. Pg. 15)

No podemos perder de vista que es tiempo de recobrar el liderazgo en el hogar, pero que ese proceso debe ir acompañado por la guianza de Dios para no incurrir en nuevos errores como los cometidos hasta hoy. En ese proceso juega papel importante que le permitamos a Dios tomar el control de su hogar. Puedo asegurarle que no se arrepentirá. Y si no ha recibido a Cristo Jesús, hoy es el día para que lo haga.

3.4. Cambiar nuestra perspectiva sobre la familia

¿Representa su familia una bendición para su vida? Si es así, ¿hace que lo sientan? Recuerde que a través de palabras y gestos expresamos qué hay dentro de nuestro corazón. Es una forma de decirle al cónyuge o a los hijos: “Eres importante en mi vida”.

Si deseamos en nuestra condición de esposos, liderar una familia sólida, con principios y valores, debemos mostrar sincero interés en cada uno. Amarlos pero expresarlo. No basta con sentir, es necesario decirlo.

Dicho sea de paso, hacer sentir a las personas— comenzando en nuestro hogar— que son valoradas, es una característica que mejora las relaciones interpersonales.

Leí esta mañana algo que me impactó y lo comparto con ustedes:

“Las personas con carisma tienen la capacidad de mostrar genuino interés por las necesidades y los intereses más profundos de otras personas.  Eso no quiere decir que las personas con carisma sean exageradamente sentimentales y condescendientes, sino que cuando usted está con ellas, siente que les interesa lo relacionado con  usted, y eso le provoca una sensación de que verdaderamente es importante.” (John Maxwell. “Liderazgo eficaz – Cómo influir en los demás”. Editorial Vida. 2009. EE.UU. Pg. 26)

¿Aplica una personalidad atrayente en casa? Por supuesto que sí. No podemos ser excelentes amigos, compañeros de trabajo e incluso, hermanos en la fe a nivel de iglesia, si antes no somos los mejores padres y esposos. No sería coherente. Lo que decimos debe verse reflejado en nuestros hechos.

La familia es y debe ser nuestra prioridad. La transformación y el buen trato hacia ellos, nuestro mayor compromiso.

El libro de los hogares felices que es la Biblia, enseña en palabras del apóstol Pablo: “Ordena también estas cosas, para que sean irreprochables. Pero si alguno no provee para los suyos, y especialmente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo.” (1 Timoteo 5:7, 8. La Biblia de las Américas)

Es importante que en todas las etapas de nuestra vida hagamos un alto en el camino para evaluar en qué estamos fallando, principalmente con nuestra familia. Una vez lo identificamos, disponernos a aplicar correctivos con ayuda de Dios. No es en nuestras fuerzas sino en el poder del Señor, que nos compaña en el proceso. Decídase hoy: es por usted y por su familiar. Hágalos sentir importantes.

Y mi última recomendación es que le abra las puertas de su corazón a Jesucristo. Él es quien nos lleva a un maravilloso proceso de crecimiento personal y espiritual. Puedo asegurarle que experimentará transformación personal y espiritual.

4. Preguntas para la discusión en grupo:
  1. ¿Evaluamos con frecuencia cómo anda nuestra relación familiar?
  2. ¿Qué importancia le damos a la familia en nuestra vida?
  3. ¿De qué manera contribuimos al crecimiento de la relación familiar?
  4. ¿Estamos poniendo de nuestra parte para que la relación familiar funcione?
  5. ¡Hay disposición en nuestro corazón para aplicar correctivos si estamos fallando?
  6. ¿Dialogamos a nivel familiar cuando encontramos que hay algo que está fallando?
5. Oración al terminar el Grupo Familiar:

“Amado Padre celestial, gracias por la sabiduría que nos concedes diariamente para crecer espiritualmente, en lo personal y en algo de suma importancia: Nuestra relación familiar. Concédenos la sabiduría necesaria para encontrar soluciones cuando hay dificultades, y la humildad necesaria para reconocer nuestros errores. Te pedimos que nos ayudes a comprender la necesidad de dar un buen trato a cada uno de los integrantes de este hogar. Sometemos nuestra vida pero también nuestras relaciones intrafamiliares en tus manos, en la certeza de que nos llevas de la mano en el proceso de cambio. En tus manos quedamos. Amén”

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: http://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=1021


Publicado en: Grupos Familiares

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