Ejerza una influencia transformadora en su familia

Reviste suma importancia medir el alcance de nuestras palabras

1. Lectura Bíblica: Proverbios 18:21 Eclesiastés 12.11

2. Meditación familiar:

¿Qué grado de influencia ejercemos en otras personas? Pregúnteselo por un instante. ¿Lo hizo? Ahora comience con un análisis de su vida. ¿Realmente ejerce usted influencia o, por el contrario, los demás influyen en su vida? Continúe evaluando su vida, pero ahora en el círculo familiar. ¿Cómo influencia a su cónyuge y a sus hijos?

Recuerde que una forma de ejercer influencia en las personas es a través de lo que decimos. En el libro de los triunfadores que es la Biblia, leemos: “ La lengua puede traer vida o muerte; los que hablan mucho cosecharán las consecuencias.” ( Proverbios 18:21. NTV)

¿Cómo son nuestras palabras? ¿De qué manera afectamos positivamente a nuestra familia? ¿Los estamos destruyendo o los estimulamos al cambio y al crecimiento? Tenemos en nuestras manos una enorme responsabilidad porque nuestras palabras edifican o destruyen.

Una de las características que identifica al cristiano, gira alrededor de la forma como se comunica. Saber cuándo hablar y cuándo callar. Eso es esencial. Y quien nos otorga la sabiduría para hacerlo es el Señor Jesucristo, quien guía todos nuestros caminos y por supuesto, transforma nuestros pensamientos y acciones.

La conferencia de hoy resulta sumamente valiosa porque nos permite desarrollar bases para manejar comunicaciones de excelencia en las relaciones interpersonales.

Piense si tal vez no ha venido generando heridas en su familia con lo que dice. Gary Rosberg, el afamado autor y conferencista, nos llama a hacer un análisis cuidadoso de la relación familiar y si hemos producido un distanciamiento, incluso con las palabras:

“Quizá has mirado a los ojos de tu cónyuge o de tus hijos y has descubierto que no están conectados. Es probable que te dieras cuenta de tu fracaso al tratar de conectarte de corazón a corazón. Evalúas que es en gran parte tu culpa.” (Gary y Barbara Rosberg. Matrimonios a prueba de divorcio”. Editorial Unilit. EE.UU. 2004. Pg. 19)

¿Hay salida? Por supuesto que sí, con ayuda de Dios. Es tiempo de cambiar. Tenga siempre presente que el éxito de las relaciones interpersonales, y más en familia, comienza con una buena comunicación. El Señor Jesucristo es el más grande ejemplo de un buen comunicador.

El cristiano está llamado a ser un excelente comunicador (1 Juan 1:1-5) Es necesario tener un adecuado acercamiento a las personas (Mateo 3:1, 2)

Una buena comunicación parte de conocer a nuestro interlocutor. El Señor Jesucristo se interesó en las personas. ¿Por qué? Para el Señor Jesucristo estaban primero las personas antes que el mensaje. Los mensajes del Señor Jesucristo estaban orientados a generar un cambio actitudinal y comportamental. ¿Es eso lo que está aplicando en su vida y con su familia?

Es importante no solo cómo decimos las cosas sino cómo las entienden. Nuestro mensaje debe ser conciso y comprensible a todas las personas (Mateo 13:3-8) El compromiso de un cristiano con un alto nivel de comunicación, radica en tomar un mensaje complejo y transmitirlo de la manera más sencilla posible.

El asunto no es lo que decimos sino cómo lo decimos. Para desarrollar una buena comunicación es necesario definir: El tema que vamos a compartir. Expresarnos en términos sencillos, comprensibles. Utilizar en lo posible ilustraciones que feliciten la comprensión y del mensaje. Es necesario tener sabiduría para saber cuándo hablar y en qué momento callar (Mateo 13:57, 58)

Le invitamos a revisar sus palabras, la forma como se expresa. Ser sabio. Y ese nivel de sabiduría al comunicarnos no lo obtenemos en nuestras fuerzas sino en el poder de Dios. Hoy es el día para tomar la decisión de cambiar. Con ayuda de Dios podemos lograrlo… Si aún no ha recibido a Jesús como Señor y Salvador, hoy es el día para que lo haga. Él nos lleva al cambio.

4. Oración familiar:

“Amado Padre celestial, hoy reconocemos que no medir el alcance de nuestras palabras termina hiriendo a nuestro cónyuge y a nuestros hijos. Deseamos ser una familia unida, por eso te pedimos que nos concedas sabiduría para saber decir las cosas, de manera apropiada y con términos que no destruyan. Sometemos hoy nuestra vida en tus manos. Amén”

5. Una meta familiar para hoy:

Revisaré la forma como me expreso con mi cónyuge y mis hijos, procurando no herirlos.

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: http://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=409


Publicado en: Altar Familiar

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