Diálogue buscando entendimiento para manejar los conflictos

En la relación conyugal debemos procurar acuerdos con ayuda de Dios

1.- Base Bíblica: Amós 3:3; Proverbios 4:5-12; Mateo 5:13, 14

2.- Objetivos:

2.1.- Que al término del Grupo Familiar, los participantes revisen qué tipo de manejo le dan a los conflictos matrimoniales.

2.2.- Que al término del Grupo Familiar, los participantes revisen qué impide el que puedan tener una buena comunicación y llegar al entendimiento cuando hay problemas.

2.3.- Que al término del Grupo Familiar, los participantes decidan buscar a Dios cuando surgen dificultades en la relación matrimonial.

3.- Desarrollo del tema:

Si anhelamos entendimiento en la relación matrimonial es necesario que le concedamos un lugar de relevancia a la sabiduría, con el propósito de saber actuar apropiadamente en el momento oportuno y con las palabras correctas. ¿Por qué razón? Porque los más altos índices de divorcios giran alrededor de dos elementos: el primero, la falta de entendimiento, y el segundo, conflictos de orden económico.

Ahora, llegar al entendimiento es muy importante porque trae paz interior a nuestra vida, nos libera de las tensiones propias de una relación de pareja, ejerce una buena influencia en nuestros hijos, y además, honra y glorifica a Dios como Él lo espera de nosotros como cristianos.

3.1.- El entendimiento de la pareja reviste suma importancia

El entendimiento de la pareja parte de reconocer que somos diferentes. Pensamos distinto y— por supuesto— tenemos una perspectiva distinta de la vida. El autor Michael Catt anota que “El amor nos enseña cómo llegar al mutuo acuerdo, a respetar y apreciar la manera exclusiva de pensar de nuestro cónyuge.”

Uno de los problemas recurrentes en la relación de pareja es que procuramos que prevalezca nuestra forma de pensar. Nos anima el orgullo, la convicción de que solo nosotros tenemos razón. Desconocemos y desestimamos la opinión de nuestra pareja.

¿Está bien que las cosas tomen este curso? Por supuesto que no. Es necesario conciliar, llegar a acuerdos, caminar en una misma dirección. Es un principio que jamás debemos olvidar como pareja y que toma como fundamento en lo que enseñó Dios a través del profeta Amós:

“¿Pueden dos caminar juntos sin estar de acuerdo adonde van?” (Amos 3.3)

Entendernos como seres humanos, no ha sido fácil y probablemente nunca lo será. Sólo Dios puede ayudarnos en ese proceso cuando le abrimos las puertas de nuestro hogar y de nuestro corazón. No es imposible, por el contrario, podremos lograrlo si dejamos de lado el orgullo y nos disponemos a llegar a acuerdos.

Los acuerdos parten de una determinación: Conceder la oportunidad de escuchar a mi cónyuge bajo el convencimiento de que no siempre tenemos la razón, y que es posible que nos hayamos equivocado.

Recuerde que si nuestros hijos crecer en un ambiente donde hay diálogo, comprensión y entendimiento, replicarán en su propia relación familiar— cuando la tengan— la disposición a dialogar y concertar. Hoy es el día de hacerlo, con ayuda de Dios.

3.2.- Llegamos a un entendimiento mutuo si avanzamos sin influencia de terceros

Cuando surgen diferencias al interior de la pareja procuramos un consejo. Pues bien, no siempre resulta una buena idea ir por ahí en procura de dirección, a menos que hayamos ido a la Presencia del Señor y Él nos guíe hacia alguien en particular. En tal caso partimos de la premisa de que se trata de alguien sabio.

La sabiduría es fundamental en la relación de pareja. Al referirse a esta virtud, que viene de Dios a nuestras vidas, el rey Salomón escribió: “Adquiere sabiduría, desarrolla buen juicio. No te olvides de mis palabras ni te alejes de ellas. No des la espalda a la sabiduría, pues ella te protegerá; ámala, y ella te guardará. ¡Adquirir sabiduría es lo más sabio que puedes hacer! Y en todo lo demás que hagas, desarrolla buen juicio. Si valoras la sabiduría, ella te engrandecerá. Abrázala, y te honrará. Te pondrá una hermosa guirnalda de flores sobre la cabeza; te entregará una preciosa corona». Hijo mío, escúchame y haz lo que te digo, y tendrás una buena y larga vida. Te enseñaré los caminos de la sabiduría y te guiaré por sendas rectas. Cuando camines, no te detendrán; cuando corras, no tropezarás.” (Proverbios 4:5-12. NTV)

Si no escuchamos a las personas apropiadas, lo más probable incurramos en errores. Insistimos: Cuando hay conflictos de pareja, a quien primero debemos acudir es al Señor, y si Él nos orienta, buscaremos la orientación de un amigo o una persona seria. Al respecto, los autores, Michael Catt y Alex Kendrick, enseñan:

“Si usted no está guiando su corazón, entonces alguien o algo diferente lo está haciendo. Las personas que usted escucha y las influencias que permite en su vida hacen mella en su destino como pareja.” (Michael Catt y Alex Kendrick. “El desafío del amor – Estudio Bíblico”. Lifeway Editores. 2013. EE.UU. Pg. 15)

Es tiempo de revisar a quién acudimos cuando tenemos problemas de pareja. Tener en cuenta, en primer lugar, al Señor a quien debemos ir en oración, y en segundo término, a quienes realmente son sabios. ¿La razón? Una suegra que aborrece a su yerno, le aconsejará a su hija que se divorcio cuando surgen diferencias. Un padre inconforme con la nuera, lo más probable es que instruirá a su hijo para que le enseñe a su mujer quien es el que “manda en casa”.

Si procuramos la orientación del Señor, Él siempre nos mostrará el camino necesario para salir del laberinto. El conoce el final de la historia desde el comienzo de la creación. Esa es la razón por la que debemos volver nuestra mirada a Él y darle lugar en nuestro hogar.

3.3.- No se quede quieto. Haga algo para lograr “entendimiento” con su pareja

Si logramos identificar que el distanciamiento está tomando fuerza en la relación de pareja, que todo diálogo termina en discusión, y que los choces generan nuevas heridas… entonces ¡es hora de hacer algo!

Cuando vamos a las Escrituras leemos que: “«Los necios se cruzan de brazos, y acaban en la ruina».” (Eclesiastés 4:5. NTV). Si no tomamos la decisión de renunciar al orgullo, el que nos lleva a reafirmarnos en lo que decimos así estemos equivocados, sin duda que los conflictos tenderán a recrudecerse a pesar de que procuremos entablar nuevas conversaciones.

Si surgen tropiezos en el trato entre los cónyuges es necesario volvernos cuanto antes a Dios. Como creyentes estamos llamados a ser sal y luz en el mundo. Nuestro hogar debe representar un ejemplo para quienes nos rodean. Es aquí donde toman forma las enseñanzas de nuestro amado Salvador Jesucristo: “Ustedes son la sal de la tierra. Pero ¿para qué sirve la sal si ha perdido su sabor? ¿Pueden lograr que vuelva a ser salada? La descartarán y la pisotearán como algo que no tiene ningún valor. Ustedes son la luz del mundo, como una ciudad en lo alto de una colina que no puede esconderse. ” (Mateo 5:13, 14. NTV)

Los autores Michael Catt y Alex Kendrick, enseñan:

“Un cónyuge sabio es capaz de reconocer las influencias dañinas que pudieran amenazar su matrimonio y rápidamente desviar la atención de las mismas. Aunque algunas influencias son fáciles de detectar, otras a la hora de reconocerlas, implican un desafío mayor.” (Michael Catt y Alex Kendrick. “El desafío del amor – Estudio Bíblico”. Lifeway Editores. 2013. EE.UU. Pg. 20)

Nuestra mayor preocupación debe ser el hogar. Dar todo por él. Es un regalo de Dios, una bendición que por andar enfrascados no disfrutamos plenamente. Recuerde que el Señor no nos concibió para que vivamos llenos de amargura, sino para disfrutar la existencia. De la mano de ese propósito original de nuestro Supremo Hacedor, está el de formar bien a nuestros hijos, y esa formación se da con el ejemplo.

Nunca es tarde para cambiar y si reconocemos que hemos venido fallando en la relación familiar, hoy es el día para que demos ese paso fundamental. Todo parte de su corazón, de la decisión de modificar su forma de pensar y de actuar, pensando siempre en su cónyuge y en sus hijos.

Si no ha recibido a Jesucristo como Señor y Salvador hoy es el día para que lo haga. Él nos concede el poder para cambiar y nos permite emprender una nueva vida. Decídase. Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo. No se arrepentirá…

4. Preguntas para la discusión en grupo:

a.- ¿Sabemos identificar los malos consejos de quienes se llaman amigos nuestros y que pueden poner en peligro la relación?

b.- ¿A quién debemos acudir en procura de orientación cuando surgen las dificultades?

c.- ¿Podría mencionar alguna escena matrimonial en la que no permitió una mala influencia de personas ajenas a la familia que le aconsejaron en contra de continuar casados?

d.- ¿Cómo podemos aplicar a nuestra relación de pareja lo que nos enseña el Señor Jesús en Mateo 5:13, 14?

e.- ¿Qué nos dificulta llegar a un entendimiento como pareja?

f.- ¿Qué requerimos como pareja para llegar a un entendimiento?

g.- ¿A qué actitudes debemos renunciar?

h.- ¿Cómo podría mejorar nuestra relación de pareja si llegamos a un entendimiento?

i.- Los especialistas coinciden en asegurar que la tierna mente de los niños es fácil de influenciar. ¿De qué manera serán impactados nuestros hijos si continuamos discutiendo y nos empecinamos en no llegar a un entendimiento?

j.- ¿Por qué razón recomienda el rey Salomón, autor del libro de los Proverbios, que adquiramos sabiduría (Versículos 5, 6)?

k.- ¿Qué lugar debe ocupar la sabiduría en la relación de la pareja (Versículos 7-9)?

l.- ¿Qué ocurriría con nuestra relación de pareja si aplicáramos la sabiduría en la relación (Versículo 10)?

n.- ¿Qué ocurriría con los obstáculos en las dimensiones personal y de relación de pareja si aplicamos la sabiduría (Versículos 11, 12)?

5. Oración al terminar la Célula familiar:

“Dios de los cielos, gracias por estar con nuestra familia siempre. Hoy al estudiar las Escrituras reconocemos que los conflictos de hogar no podemos manejarlos como hasta hoy, dejando que el orgullo nos domine. Concédenos la sabiduría para buscar tu orientación cuando haya diferencias. Como pareja anhelamos vivir plenamente esa experiencia maravillosa del matrimonio y brindar a los hijos un buen ejemplo. Sometemos nuestro hogar en tus manos. Amén”

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: http://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=1443


Publicado en: Grupos Familiares

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