Deje atrás los errores y empiece de nuevo

Los errores del ayer deben quedar en el ayer porque ya Dios nos perdonó

1. Lectura Bíblica: Romanos 8:1-11

2. Versículo para memorizar:

“Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu...” (Romanos 8:1. La Biblia de Las Américas)

3. Reflexión en la Palabra de Dios:

Sí, estaba molesto. Antes de salir de casa, en la mañana, riñó con su esposa. “Otra vez la cantaleta de siempre”, le respondió bruscamente cuando ella le reclamó que por estar mirando el diario deportivo, no prestaba atención a su pregunta sobre si el café estaba muy dulce.

La mujer se puso más furiosa y le pidió respeto. Rodrigo no esperó que terminara la concatenación de frases que salían atropelladas de labios de su esposa, tomó el maletín y se fue hacia el trabajo.

Y allí estaba conduciendo rumbo a la oficina, una mañana lluviosa en la que el tráfico estaba más pesado que nunca, y las bocinas de los autos eran tan ensordecedoras que no permitían escuchar las noticias en la radio.

“¿La llamo o no la llamo?”, se preguntaba dos horas después, con la misma ansiedad de quien deshoja margaritas en un parque. Finalmente se decidió. Marcó al teléfono móvil de ella y, aunque lo admitió después, se le hizo un nudo en el estómago porque no estaba acostumbrado, le pidió perdón.

Disculpa mi descortesía de esta mañana. Fui grosero. Perdóname”, le dijo, y como un niño que sale corriendo tras arrojar un balón en el jardín donde están las flores hermosas de mamá, colgó el teléfono.

¿Le ha ocurrido? Sin duda que sí. En algún momento hemos reconocido que fallamos, y admitir el error, debe llevarnos a aplicar correctivos y a cambiar. Es lo que se espera de nosotros. Comenzar de nuevo allí donde estábamos, cuando cometimos el error. Corregir, cambiar, avanzar.

Haga un alto en el camino. Evalúe en qué está fallando a nivel personal y familiar. Decídase a cambiar. Usted puede. No hay nada que lo impida. Hoy es el día para tomar esa decisión, valiosa y a la vez maravillosa.

El reconocido autor de temas de motivación de liderazgo, Richard J. Leider, sintetiza el asunto con las siguientes palabras:

“Cuando comenzamos a mirar en nuestro mundo interior, nos percatamos primero de que volver a empacar constituye una actitud crítica pero edificante de la vida. Se trata de un proceso que debemos llevar a cabo una y otra vez con el objeto de conservar un sentido de propósito y de dirección en la vida, y con el de conducta que no solo no nos llevan donde queremos ir, sino que de hecho nos impiden llegar adonde queremos llegar.” (Richard J. Leider. “Vuelva a empacar sus maletas”. Mc Graw Hill. 2006. EE.UU. Pg. 7)

Siempre habrá oportunidad para revisar nuestros errores y disponernos a cambiar. Comprendo que no es fácil, pero es necesario. Luchar en nuestras fuerzas nos llevara al fracaso, pero no ocurre lo mismo si dependemos de la fuerza que proviene de Dios. Él nos transforma y nos lleva cada día a nuevos niveles. Puedo asegurarle que es un camino irreversible hacia la victoria.

¿Fallaremos de nuevo? Probablemente, pero podemos levantarnos y con ayuda de Dios, reemprender el camino.

El apóstol Pablo nos anima con una poderosa enseñanza contenida en la carta que dirigió a los creyentes de Roma en el primer siglo:

“Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu… Pero si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a vuestros cuerpos mortales por medio de su Espíritu que habita en vosotros.” (Romanos 8:1, 11. La Biblia de Las Américas)

No estamos solos. Dios está con nosotros y nos lleva a la victoria, en el proceso que emprendemos de cambio y mejoramiento diario.

Ahora, el primer paso comienza con recibir a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador. Si no lo ha hecho lo animo para que lo haga hoy. Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo. Le puedo asegurar que no se arrepentirá.

4. Preguntas para el crecimiento personal y espiritual:

a. ¿Con cuánta frecuencia evalúe qué errores ha cometido?

b. ¿Está dispuesto a experimentar cambios en su vida?

c. ¿Qué ha hecho para corregir errores y cambiar?

d. ¿Ha involucrado a Dios en su proceso de cambio y crecimiento?

En adelante dependeré de Dios para experimentar cambios positivos en mi vida

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: http://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=772


Publicado en: Devocionales Diarios

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