¿Cómo se imagina a Dios?

¿Ha pensado en Dios como un Padre amoroso pendiente de usted y de su familia?

1.- Lectura Bíblica: Juan 2:17, 18

2.- Versículo para memorizar:

“Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. El que cree en el Hijo de Dios no será condenado. Pero el que no cree ya ha sido condenado, por no haber creído en el hijo único de Dios.” (Juan 2:17, 18. La Biblia, la Palabra de Dios para todos).

3.- Reflexión en la Palabra de Dios:

Desde niño le enseñaron que Dios era un anciano de cabello blanco, ceño fruncido y una inmensa túnica blanca que cubría sus pies. Iba de un lado para otro, pensativo, a la caza de quienes cometían algún error. Como se sentía ofendido, inmediatamente les enviaba un castigo. No se iba por las ramas.

Esa imagen la conservó hasta la adolescencia, cuando entró al colegio bíblico y se tornó más vívida cuando ingresó al Seminario Teológico para prepararse como pastor. Jamás podrá olvidar el día de la graduación.

Lucía un traje oscuro, estaba bien afeitado y peinado y su mirada reflejaba la convicción del “No puedes hacer esto o decir aquello porque el Creador se ofende”.

Desde el púlpito predicaba tal como le habían instruido en la infancia. “Dios castiga el pecado”, gritaba a los parroquianos del pueblo, en las jornadas de predicación callejera. Tenía el anhelo de que se convirtieran a Cristo. Pero no fue así. Las pocas personas que asistían al templo, progresivamente desertaron.

Oró a Dios al respecto. “¿Qué debo pensar, Señor? ¿Acaso soy yo o tal vez mis mensajes?!Dime qué camino tomar!”, le decía.

Y sintió un vivo deseo de volver a las Escrituras. Las leyó con avidez. Incluso, con más detenimiento que cuando estaba en el Seminario. Sus mensajes fueron diferentes desde entonces. Sentía como si un velo se hubiese caído de sus ojos. Podía ver las cosas con una perspectiva diferente.

Es importante que revisemos qué imagen tenemos de Dios, y si reconocemos que tal vez es equivocada, que lo apreciamos como alguien empecinado en castigarnos antes que en mostrarnos su amor, es hora de hacer un alto en el camino y aplicar correctivos.

El apóstol Juan escribe: “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. El que cree en el Hijo de Dios no será condenado. Pero el que no cree ya ha sido condenado, por no haber creído en el hijo único de Dios.” (Juan 2:17, 18. La Biblia, la Palabra de Dios para todos).

La imagen que nos vendieron a muchos de nosotros, fue la de un Dios castigador e inmisericorde y aunque no nos lo proponíamos, era una concepción errada que incluso nos impedía orar adecuadamente. Este ha sido el principal para que muchas personas cierren las puertas al Creador.

Se sienten tan indignas de que entre a sus corazones, que prefieren seguir como hasta ahora.

Es cierto, Dios castiga el pecado cuando alguien persiste en seguir cometiéndolo y desecha el arrepentirse y cambiar. Pero nos ama y a pesar de múltiples fallas, siempre está con los brazos abiertos, presto a recibirnos. Es un Dios de amor.

El amado Señor Jesús dijo a sus seguidores, y también a nosotros hoy que el propósito de nuestro amado Padre celestial no es el de condenar al mundo sino el de brindar las oportunidades para que las personas se salven. La decisión es personal. Él no obliga a nadie (Juan 2:17, 18)

El Padre celestial nos ofrece siempre una nueva oportunidad, por su infinito amor. Tenemos la posibilidad de ser transformados, si le abrimos el corazón; Él entrará y tornará renovada nuestra existencia...

Si no ha recibido a Jesús como el Señor y el Salvador de su vida, este es el momento oportuno para que le abra las puertas de su corazón. No se arrepentirá. Cristo transformará su existencia a nivel personal, espiritual y familiar como siempre lo ha anhelado.

4.- Preguntas para el crecimiento personal y espiritual:

a.- ¿Quién es Dios para usted?

b.- ¿Qué ha significado Dios para su vida?

c.- ¿Depende de Dios para alcanzar el crecimiento y transformación personal y espiritual?

d.- ¿Piensa que Dios le mira con ceño fruncido por sus errores?

e.- ¿Ha cambiado su relación con Dios o sigue distante frente a Él?

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: http://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=7063


Publicado en: Devocionales Diarios

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