¿Cómo daña la relación de pareja una infidelidad?

La infidelidad conyugal produce heridas en nuestro ser interior

“Si algo pretende nuestra sociedad es que soportemos la infidelidad. Es mi caso. Llevamos trece años de matrimonio y descubrí, hace algunos días, unos mensajes que le envió mi esposo a una persona. El contenido es romántico y por lo que intuyo, mantienen una relación. Descubrir esa situación me dejó devastada, pero el problema es que ahora — hoy mismo— deseo separarme. Creo que ya no vale la pena seguir con este matrimonio.”

L.S.M., desde Tegucigalpa, en Honduras

Respuesta:

No cabe la duda que la infidelidad además de destruir la confianza, mina toda relación amorosa. Es un peligroso parásito de todo matrimonio. Lo que preocupa es la forma como se ha disparado el porcentaje de matrimonios que terminan en separación.

Sobre este particular es necesario insistir en un hecho: La separación no resuelve nada; por el contrario, trae más heridas y deja— en medio— a hijos que sufren las consecuencias.

Dios es el único que tiene una salida al laberinto que desencadena el adulterio, y trae sanidad a nuestro mundo interior si enfrentamos una situación así.

De acuerdo con los científicos los hombres son más vulnerables puesto que producen altos niveles de testosterona, por lo cual tienden a ser más arriesgados y a tener más aventuras amorosas. No obstante desde la década de los ochenta ha comenzado a crecer el índice de mujeres adúlteras.

La psicóloga clínica, Susan Heitler, explica:

“Mi práctica clínica sugiere que todavía hay más hombres infieles, pero la brecha de género ha disminuido con el paso de los años. A mayor edad hay menos infidelidades debido a que con los años la necesidad de encontrar seguridad en una relación aumenta y el interés y el deseo sexual se van desvaneciendo.” (Revista Semana. “Cuál es su riesgo de ser infiel”. 15/02/2015. Colombia Edición 1710. Página 70).

¿Cuáles son los factores de riesgo? ¿Hay forma de evitar caer en la infidelidad? ¿De qué manera afecta la relación de pareja y al interior del hogar el que se presente una relación extramarital? Estos y otros interrogantes asaltan hoy día a millares de personas, preocupadas por el grado de decadencia de los matrimonios que sigue tomando fuerza aun cuando— por supuesto— hay salida y está en permitir que Jesucristo ocupe el primer lugar a nivel familiar.

La infidelidad destruye relaciones de muchos años

Paradójicamente, los índices de matrimonios que terminan en divorcio como consecuencia de la infidelidad, están creciendo. Generalmente son los hombres quienes incurren en este comportamiento. No obstante, investigaciones de la Universidad Estatal de California señalan que es preciosamente a los hombres a quienes más les molesta que su pareja les sea infiel sexualmente, mientras que a ellas les perturba más saber que su novio o esposo se enamore de otra.
La edad es el otro factor clave para cometer adulterio. Un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences encontró que en el último año de cada decenio, es decir, a los 29, 39 o 49 años, las personas sufren grandes cambios y tienen mayor propensión a ser infieles, especialmente los hombres.

Según Kelly Campbell, psicóloga y profesora asociada de la Universidad del estado de California en San Bernardino, Estados Unidos, el riesgo disminuye entre los 35 y 50 años, pues en la mediana edad la gente está más enfocada en los hijos y sus carreras. (Citada en Revista Semana. “Cuál es su riesgo de ser infiel”. 15/02/2015. Colombia Edición 1710. Página 70).

En criterio de los especialistas la insatisfacción sexual, los vacíos emocionales, no sentirse deseado por la pareja y la inseguridad en la relación, son factores de riesgo en un matrimonio. Ahora, una vez se incurre en infidelidad, las consecuencias son desastrosas y traen mucho dolor para todos. Lo primero que se pierde es la confianza en el otro y, generalmente, comienzan las discusiones que desencadenan ofensas verbales y heridas emocionales.

El profeta Malaquías escribiendo por inspiración de Dios, advierte:

“Esta es otra cosa que hacen: cubren el altar del Señor con lágrimas; lloran y gimen porque él no presta atención a sus ofrendas ni las acepta con agrado. Claman: «¿Por qué el Señor no acepta mi adoración?». ¡Les diré por qué! Porque el Señor fue testigo de los votos que tú y tu esposa hicieron cuando eran jóvenes. Pero tú le has sido infiel, aunque ella siguió siendo tu compañera fiel, la esposa con la que hiciste tus votos matrimoniales. ¿No te hizo uno el Señor con tu esposa? En cuerpo y espíritu ustedes son de él. ¿Y qué es lo que él quiere? De esa unión quiere hijos que vivan para Dios. Por eso, guarda tu corazón y permanece fiel a la esposa de tu juventud. «¡Pues yo odio el divorcio!  —dice el Señor, Dios de Israel—. Divorciarte de tu esposa es abrumarla de crueldad —dice el Señor de los Ejércitos Celestiales—. Por eso guarda tu corazón; y no le seas infiel a tu esposa». (Malaquías 2:13-16. NTV)

Observe con cuidado que la infidelidad trae como consecuencia: Separación de Dios, contrariar sus planes trazados desde la eternidad para la institución familiar, traición, dolor y heridas emocionales difíciles de sanar, daños humanamente irreparables en el sentido de seguridad de los hijos y altos grados de desconfianza.

¿Puede encontrarse una solución ante la infidelidad?

Ahora, quizá se pregunte: ¿hay salida para el laberinto? Por supuesto que sí, con ayuda de Dios. El afamado conferencista en temas de familia, Gary Chapman, escribe:

“¿Qué hay después de una aventura?¿Puede sanar el matrimonio? Sí, si hay arrepentimiento genuino. Arrepentirse significa “dar la vuelta”. En el caso de un affaire, esto significa que se debe evitar una relación adúltera. Si fue usted quien incurrió en este comportamiento, reconozca ante su pareja que ha cometido un error, que le ha pedido perdón a Dios y que está dispuesto a restaurar su matrimonio. Pídale perdón por hacer lo que sabía que estaba mal. Interrumpa toda relación extramatrimonial. En la mayoría de los casos, esto requerirá cortar todo contacto. Ahora estará listo para pedirle a su cónyuge que le perdone.” (Gary Chapman. “Los cinco lenguajes del amor – Devocionales”. Tyndale House Editores. 2012. EE.UU)

Un matrimonio donde ha habido infidelidad sí puede salvarse, si tomamos conciencia a tiempo del error cometido. Otro elemento es tener claridad que la infidelidad va en contravía de los planes divinos.

La decisión de salvar el hogar está en sus manos. Nadie podrá tomarla por usted. Y es con una determinación firme y prendidos de la mano de Dios, como podemos lograrlo.

La infidelidad destruye

¿Ha tenido oportunidad de apreciar a quienes han caído en infidelidad? Tal vez coincidirá con nosotros en que su vida se vuelve un crucigrama, llena de problemas. De un lado, debe reorganizar su vida emocional y de otro, están las consecuencias destructivas que trajo a su cónyuge y a sus hijos.

No en vano advirtió Dios a través del autor de la carta a los Hebreos: “Honren el matrimonio, y los casados manténganse fieles el uno al otro. Con toda seguridad, Dios juzgará a los que cometen inmoralidades sexuales y a los que cometen adulterio.” (Hebreos 13.4. NTV)

Las consecuencias del adulterio son devastadoras. Aumenta la sensación de inseguridad— ligada por supuesto a la desconfianza— en nuestra pareja, crecen las discusiones en las que se intercambian ofensas, se anida el resentimiento al tiempo que los hijos presentan cuadros de rebeldía, bajo rendimiento en el estudio e inseguridad.

La mayoría de los jóvenes inmersos en promiscuidad sexual, drogas, violencia, rebeldía y una actitud antisocial, provienen de hogares disfuncionales donde la separación de los cónyuges es el común denominador.

Nuestro amado Padre celestial advirtió que la consecuencia de la infidelidad es la destrucción personal, espiritual y familiar: “Hijo mío, ¿por qué dejarte cautivar por una mujer inmoral o acariciar los pechos de una mujer promiscua? Pues el Señor ve con claridad lo que hace el hombre, examina cada senda que toma. Un hombre malvado queda preso por sus propios pecados; son cuerdas que lo atrapan y no lo sueltan. Morirá por falta de control propio; se perderá a causa de su gran insensatez.” (Proverbios 5:20-23. NTV)

Es tiempo de revisar cómo anda nuestro matrimonio. ¿Hemos caído en infidelidad? Y si es así, ¿estamos en la dirección apropiada para aplicar correctivos? No será fácil y un primer obstáculo a superar es la desconfianza de la pareja, pero por supuesto, podrá lograrlo.

Gary Chapman, el autor y conferencista internacional, anota:

“¿Cómo se reconstruye la confianza de su pareja después de incurrir en infidelidad? La confianza crece cuando usted se muestra confiable, así que no le mienta a su cónyuge. Cada vez que demuestre que usted es confiable, crecerá la confianza de su pareja. No obstante si usted sigue engañándole, nunca recuperará su confianza. Pídale a Dios que haga de usted una persona de carácter e integridad…” (Gary Chapman. “Los cinco lenguajes del amor – Devocionales”. Tyndale House Editores. 2012. EE.UU)

No podemos seguir avanzando hacia un abismo sin fondo. El matrimonio hay que salvarlo y quien ha incurrido en el error es quien debe dar el primer paso. Lo primero que debemos hacer es someter la situación en manos de Dios y concederle el primer lugar en nuestra familia. Otra acción concreta deben ser hechos concretos que evidencien el cambio, y a través de la oración y el cambio en nuestra forma de pensar y actuar, dar pasos decididos y permanentes hacia la restauración del hogar.

No podría terminar sin antes invitarle para que reciba a Jesucristo como el Señor y Salvador de su vida. Es la mejor decisión que jamás pueda tomar. Puedo asegurarle que no se arrepentirá porque Cristo Jesús nos lleva a experimentar crecimiento personal, espiritual y familiar. ¡Decídase hoy por Jesucristo!

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: http://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=2525


Publicado en: Consejería Familiar

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